sólo un nombre sin eco.
Pronto la diosa Fama me susurró con sus infinitas bocas.
Silencio. Nada.
La incertidumbre luce sus galas de noche.
Luego, tus ojos negros:
tu mirada antes que tu voz.
Pronto la pequeña multitud se desvaneció en el aire.
Silencio. Todo.
Celosa la luna reclamó tu arrullo sin querer dormirse aún.
No lo supe entonces. Sino ahora.
Me quedé vacía y plena de sueños de vos.
Paula Etchart
04/09/2019
23:43 hs