Llegaste
ante mi asombro cargado de ser ineludible. Así contamos nuevas estrellas bajo
el cielo de verano. Me iba tostando de vos sin querer. Borrábamos el tiempo en
el puro presente y no había nada más. Hasta que se dejaron ir las hojas de los
árboles. Las ramas temblaron con los primeros fríos. Cayeron los nidos. Y yo
con tantos pájaros entre las manos. De a poco el calor de diciembre se
transformó en tibieza. Una tibieza de balcón no basta para encender la
mañana. Entonces me fui alejando despacio junto con el sol de otoño.
Paula Etchart.
14/04/2014
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