Dormía un sueño húmedo. El roce de tus manos frías estremeció mi cuerpo. No fue tu voluntad encender la llama. Así, la primera vez. Abrí los ojos. Fue un llanto débil por tu amor. Por tu amor, que me niego a sentirte.
Ahora tu respiración en mi cuello. Me tomás de los hombros y me jalás queriendo retenerme. Siempre me voy. Siempre huyo para llegar a vos luego.
Desde lejos me observás deseándome desnuda. Me desvestirías para penetrarme hasta los huesos. Pero no, no aún.
Yo también juego con vos. Te dejo contemplarme inerte desde el borde del abismo. Mientras caigo a tus redes agujereadas de ironía. Cuando vuelo en un grito de placer.
No es tiempo todavía. Seguiremos seduciéndonos. Escaparé hasta que llegue la noche en que me encuentres. Me iré con vos en el último aliento. Pero habré de engañarte una vez más, querida Muerte. Volveré en poesía.
Paula Etchart
(09/04/2015)
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